NO A LA DEROGACION DE LA LEY 25.542

Envidia de los poemas ajenos

 

En una versión de la leyenda las sirenas no podían cantar.

Era sólo el cuento de un marinero que pudieran hacerlo.

Entonces a Odiseo, atado al mástil, lo atormentaba

una música que no oía — el mar precipitándose,

el viento ascendente, el hambre de los pájaros lejos de la costa-

y las mujeres mudas recogiendo algas para hacer abono,

al verlo forcejear contra las cuerdas, al ver

el horroroso anhelo en sus ojos, desde el desecho rocoso de una isla

son transformadas para siempre por lo que imaginan

que él imagina, la canción que ellas no cantaron.


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Envidia de los poemas ajenos

 

En una versión de la leyenda las sirenas no podían cantar.

Era sólo el cuento de un marinero que pudieran hacerlo.

Entonces a Odiseo, atado al mástil, lo atormentaba

una música que no oía — el mar precipitándose,

el viento ascendente, el hambre de los pájaros lejos de la costa-

y las mujeres mudas recogiendo algas para hacer abono,

al verlo forcejear contra las cuerdas, al ver

el horroroso anhelo en sus ojos, desde el desecho rocoso de una isla

son transformadas para siempre por lo que imaginan

que él imagina, la canción que ellas no cantaron.


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