NO A LA DEROGACION DE LA LEY 25.542

La familia es el significante en torno al cual se organiza esta historia y tiene siempre una

implantación geográfica y un asentamiento físico, una casa, que, paradójicamente, es el reducto

simbólico más fuerte en el que se refugia un desterrado. Parece destinado a errar y, de pronto, se

encuentra bajo techo, ha depositado su valija y siente que hay un respiro, que hay enfrente de él

una ventana abierta. Así debió ser la llegada a la primera casa del exilio. Desterrados de Rusia, los

Trotsky, llegaron a la Isla de Prinkipo, Turquía, y se instalaron en una casa que había encontrado

Raymond Molinier. Esa casa junto al mar se convirtió en una verdadera usina de resistencia y de

producción revolucionaria. Raymond Molinier fue un sostenedor imprescindible de esa estructura.

El libro de Jeanne Molinier, La nieta de Trotsky, dice que Molinier establece con naturalidad para

los suyos una prodigiosa construcción, fantasía, delirio, o una familia fantasma. El libro está lleno

de peripecias, las de una joven que se yergue cada vez más sobre sus pasos, siempre libertarios,

nunca medrosos. Tiene madre, pero ésta la abandona. El padre está siempre lejos pero provee,

encauza, respalda. Su herencia es la vida que vivió: indeclinable trotskista, militante hasta el final

de sus días. El saber literario está sin que se vea, en el arreglo de las personas del relato, que brota

incontenible, es la escritura. Una escritura concisa, fina, con destellos poéticos. La nieta de Trotsky

ya no es Trotsky, es Jeanne Molinier.

LA NIETA DE TROTSKY - JEANNE MOLINIER (VS EDITORES)

La familia es el significante en torno al cual se organiza esta historia y tiene siempre una

implantación geográfica y un asentamiento físico, una casa, que, paradójicamente, es el reducto

simbólico más fuerte en el que se refugia un desterrado. Parece destinado a errar y, de pronto, se

encuentra bajo techo, ha depositado su valija y siente que hay un respiro, que hay enfrente de él

una ventana abierta. Así debió ser la llegada a la primera casa del exilio. Desterrados de Rusia, los

Trotsky, llegaron a la Isla de Prinkipo, Turquía, y se instalaron en una casa que había encontrado

Raymond Molinier. Esa casa junto al mar se convirtió en una verdadera usina de resistencia y de

producción revolucionaria. Raymond Molinier fue un sostenedor imprescindible de esa estructura.

El libro de Jeanne Molinier, La nieta de Trotsky, dice que Molinier establece con naturalidad para

los suyos una prodigiosa construcción, fantasía, delirio, o una familia fantasma. El libro está lleno

de peripecias, las de una joven que se yergue cada vez más sobre sus pasos, siempre libertarios,

nunca medrosos. Tiene madre, pero ésta la abandona. El padre está siempre lejos pero provee,

encauza, respalda. Su herencia es la vida que vivió: indeclinable trotskista, militante hasta el final

de sus días. El saber literario está sin que se vea, en el arreglo de las personas del relato, que brota

incontenible, es la escritura. Una escritura concisa, fina, con destellos poéticos. La nieta de Trotsky

ya no es Trotsky, es Jeanne Molinier.

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